Sobre mi experiencia cercana a la muerte. Parte II.
El 18 de febrero del 2026 se cumplió un año de haber tenido una experiencia cercana a la muerte, causada por una deshidratación severa muy rápida.
La primera parte la describo en este blogpost, te recomiendo leerla si no este texto no va a tener mucho sentido.
Esta es la segunda parte
Si recuerdas, me había quedado en la negociación del regreso (negociación, porque la hermosura que me esperaba del “otro lado” no me hacía querer volver nadita).
En resumen, el mensaje que me trajo de regreso fue:
“Ya pasaste por muchas cosas difíciles en tu vida; regresa porque ahora te toca cosechar lo que has sembrado y tienes cosas importantes que hacer todavía. Es eso, o comenzar otra vez en un cuerpo nuevo. “¿Quieres?”
A lo que mi respuesta fue un fuerte y rotundo
¡¡NOOOOOO!!
A partir de ahí inmediatamente sentí que estaba de regreso en mi cuerpo.
De regreso a sentir náuseas, dolor, miedo, angustia, incomodidad y todas esas cosas horribles que a nadie le gusta sentir. Nada agradable, pero mejor que la otra opción (comenzar de cero otra vez, en un cuerpo nuevo. ¡Safos!).
Para cuando “volví” ya estaban varixs compañerxs cerca de mi, con todo listo para llevarme al hospital.
El viaje a la clínica
El retiro de meditación estaba lejos de cualquier poblado y encontrar una clínica resultó ser una hazaña de una media hora, que la sentí eterna.
Eterna porque mi cuerpo estaba ya muy débil y respirar ya no era algo automático. Durante esa media hora cada inhalación tenía que ser un acto decidido y determinado, que dependía de mi voluntad para que sucediera.
Recuerdo claramente el esfuerzo consciente de ayudar a que el aire entrara a mis pulmones y dejar que saliera. Despaciiito, leeeento, dando gracias por esa única inhalación, sin pensar en la siguiente.
Años de meditación me habían preparado excelentemente para ese reto: momento presente nada más. Lo único que importaba era la inhalación del momento. Lo siguiente no estaba asegurado.
Había una rendición muy deliciosa también, de saber que mi única chamba era que esa inhalación sucediera, entendiendo que hacer cualquier esfuerzo de más sería contraproducente. Sabía clarísimo que decidir seguir respirando era lo único que estaba en mis manos.
Es delicioso y totalmente liberador saber que lo que sea que vaya a pasar no está en tus manos.
La vocación de lxs médicos: ingrediente para la sobrevivencia humana
Total, llegué a tiempo a una clínica de pueblo pequeñita -apenitas-, porque me tuvieron que sacar casi cargando del carro.
Llegué a la camilla, me canalizaron y en cuanto empecé a sentir el suero entrar en mi vena sabía que ya la había librado.
Conforme me rehidrataban iba sintiendo -de verdad- cómo regresaba la vida a mi cuerpo.
A la par, mientras recuperaba la visión y la facilidad de respirar me fueron llegando unos entendimientos o saberes muy profundos que me parecieron muy valiosos.
Uno de ellos fue (evidentemente), una sensación de INMENSA gratitud al doctor y a la enfermera que me estaban atendiendo.
No recuerdo haber tenido antes de eso la sensación de, no me gusta la frase de “deberles la vida” porque no creo que sea una deuda, pero sí una claridad total de que si yo seguía con vida, era gracias a ellxs dos.
Pero no acabó ahí.
Pude percibir y agradeer también la existencia de la vocación que ellxs tenían - ese algo en sus personas- que los había llevado a una vida entregada a salvar y cuidar a otros humanos, por encima de sus propias comodidades o intereses personales.
Y esto va a ser difícil de explicar, pero es como si hubiera podido reconocer cómo el sentido de vocación (de médicos, curanderos, sanadores, parteras etc, etc) era y ha sido un ingrediente necesario, o parte de la infraestructura psicológica de la sociedad humana, indispensable para nuestra sobrevivencia.
Casi como si quien nos haya creado supiera que era necesario agregar ese componente en la psique de un porcentaje de los humanos, para asegurar nuestra existencia y permanencia.
El mensaje más potente
Y bueno, ahora me voy a poner aún más metafísica y no espero ni que me creas, ni que estés de acuerdo conmigo. Yo sólo te cuento lo que sentí/experimenté en esos momentos.
Contexto:
Yo crecí prácticamente como atea, con una muy vaga noción de la existencia de Dios por parte de mi mamá y una abosluta negación de su existencia por parte de mi papá (científico ateo de hueso colorado él y toda su familia).
Durante toda mi Universidad fui atea, pero luego empecé a sospechar que tal vez sí había algo misterioso detrás de este mundo que conocemos, con lo cual me cambié de categoría a ser agnóstica.
Después comenzó mi búsqueda interna y poco a poco la vida me fue llevando (a través de experiencias y vivencias, no de creencias) a ya no tener un ápice de duda de que sí hay algo más. El Gran Misterio. El Gran Espíritu. El Universo, la Fuente, Dios. Como cada quien lo quiera llamar (o negar, también se vale). En definitiva no pertenezco a ninguna religión, más bien presiento que todas apuntan a lo mismo, con diferentes nombres e ideologías.
Te doy este contexto por lo siguiente:
Porque mientras seguía en ese proceso de regresar a la vida consciente, sucediendo gracias al suero entrando en mi cuerpo, de repente sentí debajo de mí como si estuviera acostada sobre de, una sensación de total y absoluto sostén. Como un abrazo, pero de unos brazos inmensos y amorosos que no se acaban.
La contundencia de ese sostén me arropaba por completo conforme iba regresando yo a la consciencia cotidiana, pero antes de volver a la normalidad fue como si esa fuerza me comunicara lo siguiente:
“Estás a salvo, descansa, suelta. Todo lo que has tenido y vivido hasta ahorita, ha sido gracias a que yo he estado aquí y porque así está decidido. Todo lo que has tenido, tienes y tendrás es y será porque yo estoy aquí, a cargo. Nunca ha sido necesario que te preocupes. Lo que tengas que tener lo tendrás, lo que tengas que vivir lo vivirás y cuando sea el momento de que esta vida termine simplemente volverás a casa. Confía. Suelta el control. Tu preocupación es absolutamente innecesaria. Deja, que aquí yo me encargo (te guste o no).”
Me siento hasta un poco incómoda escribiendo esto por todas las interpretaciones que se le pueden dar.
No es como que un “alguien” me hablara, es solamente que el lenguaje que tenemos está muy limitado en su capacidad de expresar vivencias así. Necesité usar el recurso de “alguien” hablándome para poder describir de alguna manera el entendimiento que recibí. Era un tipo de comunicación no verbal, proviniente de estar descansando libre y confiadamente en ese Abrazo, para lo cual sólo tengo esta forma de describirlo.
Tampoco sé bien por qué o para qué te estoy contando esto pero me queda claro que quiso ser parte de esta historia.
Tifoidea a full
Saliendo de la clínica me esperaban todavía 3 días y sus noches de estar con suero y con las fiebres más largas e intensas que he tenido.
Incomodidad máxima, sudores brutales, delirios.
Se sintió como un purgatorio después de haber tocado el cielo.
Se quemaron no sé cuantas versiones viejas mías en esos 3 días de literalmente retorcerme en la sensación de estar en un fuego purificador interno, horroroso.
Pero todo ese tiempo, mis compañerxs de retiro me cuidaron noche y día con un amor, dedicación y entrega que hasta me costaba trabajo recibir.
Era como si desde ese momento, el mensaje que me dio ese Abrazo se estuviera cumpliendo: yo estaba siendo cuidada y sostenida.
No se requería de mi preocupación para que eso sucediera.
Con eso claro casi que en cada célula de mi ser, salí de ese evento tifoidéico sabiéndome lista para algo nuevo.
Una nueva etapa
El retiro de meditación terminó pocos días después.
Evidentemente yo había tenido mi propio retiro muy personal y con él la certeza de que era hora de dejar mi vida de siempre en mi ciudad de Ensenada y comenzar algo nuevo.
Eso ya te lo contaré en correos venideros, pero te puedo adelantar que todo ha salido más que bien. La promesa de ese Abrazo se ha ido cumpliendo al pie de la letra -el que no es necesario preocuparnos para que las cosas salgan-, mientras yo sigo puliendo el arte de soltar y confiar.
Aunque la Fuerza Misteriosa sea la mera mera petatera, aquí quiero aprovechar el agradecer desde el fondo de mi corazón a estos dos angelotes - Avarada y Adi Kavi - que me cuidaron día y noche mientras yo pasaba por el purgatorio.
Otros dos seres con ese ingrediente vital para la supervivencia humana -la vocación de servir-, sin la cual no estaría yo aquí tan cómoda y segura.
Les agradezco y les amo muchísimo. Al día de hoy sigo aprendiendo de lo que recibí de ellos y de cada persona que me cuidó y me ayudó en esos días tan transformadores.
Nuevamente, si llegaste hasta acá, mil gracias por tu tiempo y tu interés.
No han sido posts cortos y sé que cada vez menos personas se dan el tiempo de leer. Si te nace compartirme algo que te haya llegado, gustado o incluso no gustado, me encantará leerte.
No era mi plan escribir esta historia pero algo adentro me pidió que lo hiciera y me gustaría saber qué generó en quien la leyó. Puedes dejar un comentario aquí abajo, o escribirme a paula@respirabosque.com. Leo todo lo que me escriben.
Me despido con cariño y mucha gratitud por seguir aquí,
Paula🌤️
PD - Si te gustaría recibir mis correos donde estoy compartiendo inspiración y mis propias historias de conexión con el mundo natural (y con el no visible) puedes inscribirte a mi mailing list aquí:

